no más, se sentía clarito, de cerro a cerro”…,de hecho Mascareño recuerda que él tenía mas de treinta años cuando se empezaron a usar micrófonos en la ramadas, lo que muestra la capacidad que tenían los cantores para hacerse oír en las ramadas o de un cerro a otro.
Los lugares donde más recuerda haber salido a tocar, en especial para los dieciocho, fue la Quebrada Alvarado, al interior de Villa Alemana, en ramadas que ocupaban la mitad del cerro, abajo una medialuna y la cancha de fútbol. En Limache, también recuerda, había una señora que ponía ramadas y que era la que mejor pagaba. Le mandaba por correo un billete de 50 pesos en donde le decía la fecha y la hora en que se debía presentar. Para llegar a Limache gastaban entre tres y cuatro pesos, y cuenta que con cinco pesos tenía para los gastos del día en la casa. En tres días de canto ganaba 900 pesos, lo que grafica lo diferente, económicamente, que era trabajar como músico popular en las ramadas de ésos años. Aunque de todas formas el horario era extenso, ya que partían desde la hora de almuerzo o desde que abrieran las demás ramadas, hasta las dos o cuatro de la mañana, o hasta que la patrona dijera.
Del cerro Ramaditas donde ha vivido gran parte de su vida, recuerda que había una infinidad de músicos, siendo este cerro en particular, junto al San Roque un crisol de músicos y cantores, entre ellos recuerda al “Nene” Ruiz que tocaba la batería, el Chico Noguera, el Chico Juan y el Chico Nolo, todos guitarristas, Enrique “Ñato” Riffo, Roberto “Loco” Marín quien trabajaba en la feria y que Mascareño también reconoce como un panderista talentosísimo a la vez que buen cantor, Armando “Estropajo” Lucero, …“que es de después”…, o sea que llegó posiblemente después al cerro, Arturo Donoso, quien tocaba y cantaba, y al “Ciego” Segundo, quién trabajaba estable en el “Nunca se supo” y quien tocaba hábilmente el piano y el acordeón.
Una cueca hecha por Mascareño, tomando como base la tradicional “Yo soy dueño del Barón”, nosSoy dueño de Ramaditas
Porque soy un caballero
Subo yo por santa Elena
Y bajo por lo polleros.
La calle principal
Que yo trafico
La calle Ramaditas
Donde el Perico.
Donde el Perico, si
Callejón Fortune
Donde toman los guapos
El día lunes.
Vamo`a hacer la mañana
Donde Juan Salas.
Aquí describe a los polleros que se ubicaban casi al llegar al pasaje Santiago subiendo por Santa Elena, el “Perico” era un restaurant ubicado en la calle Ramaditas, el callejón Fortune era donde vivía en “Ñato” Riffo, Juan Salas era uno que vendía vino “pa` callao”.
Mascareño, a quien por el apellido de su padre se le ha dicho de esta forma desde que era un niño, también trabajó siete años con el “Cuadrado”, apodo que tenía ése nombrado cantor y comerciante del mercado, llamado Manuel Rodriguez, haciendo un lote junto al “Chico” Juan (Rosas) y a Noguera, en el local “Coquimbo Atacama” ubicado en la calle Victoria, local que después administraría otro nombrado porteño, Juanito Orrego.
El lote de músicos más cercano y con quienes Mascareño tocó más tiempo fue con el tío Elías, principalmente en San Roque, con el ciego Segundo, el “Tomate”, el “chico” Noguera, el “nene” Ruiz, entre los principales.
Mascareño ha vivido toda su vida en Valparaíso, pero a los 23 años estuvo viviendo tres meses en Santiago con su amigo “Chico” Noguera. En esta oportunidad conocería a un pequeño niño de ocho años quien tocaba algo de guitarra y cuyo nombre era Raúl Lizama, el “Perico”, quien en ésos años vivía en la calle Bulnes, entre Rosas y San Pablo, lugar en donde también recuerda haber conocido a un panderista el que le decían “Clico”.
De las veces que se juntaban santiaguinos y porteños, todos coinciden en que eran dos los lugares principales donde esto ocurría, el restaurant “Nunca se Supo” y el Sporting de Viña del Mar, cuando cada verano se corría el Derby. De una de ésas ocasiones Mascareño recuerda que llegaba el “Chico” Mesías, Mario Catalán , Humberto Campos entre otros,…"Una vez se armó una mocha…en el Sporting, al Ñato Riffo le hicieron pedazos la guitarra…y al finao loco, el que hacía los panderos, Grondona le llevaron diez panderos, se los robaron, y la de puñetes, déle combos, los sacaron na´a puntapiés, puro combo no mas, que total después se apaciguo la cuestión, vamos cantando otra vez"…
Mascareño es un hombre “quitado de bulla”, reposado y observador, pero que conserva toda la potencia y melodiosidad de su voz, la cuál lo hizo conocido en Santiago y Valparaíso como un gran exponente del folclor porteño, en especial de la cueca en donde siempre se destacó.
De las veces que se juntaban santiaguinos y porteños, todos coinciden en que eran dos los lugares principales donde esto ocurría, el restaurant “Nunca se Supo” y el Sporting de Viña del Mar, cuando cada verano se corría el Derby. De una de ésas ocasiones Mascareño recuerda que llegaba el “Chico” Mesías, Mario Catalán , Humberto Campos entre otros,…"Una vez se armó una mocha…en el Sporting, al Ñato Riffo le hicieron pedazos la guitarra…y al finao loco, el que hacía los panderos, Grondona le llevaron diez panderos, se los robaron, y la de puñetes, déle combos, los sacaron na´a puntapiés, puro combo no mas, que total después se apaciguo la cuestión, vamos cantando otra vez"…
Mascareño es un hombre “quitado de bulla”, reposado y observador, pero que conserva toda la potencia y melodiosidad de su voz, la cuál lo hizo conocido en Santiago y Valparaíso como un gran exponente del folclor porteño, en especial de la cueca en donde siempre se destacó.
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